Sunday, June 30, 2013

Los Quiero Ver


Los quiero ver. Los quiero ver en un país donde las cosas no se detengan absolutamente por las fiestas del Santo en turno. Los quiero ver en un país donde haya que cederle el paso a los peatones; en los que no se pueda tirar comida en los parques; en los que no se pueda comer en los parques. Los quiero ver sin bocinas a todo volumen anunciando negocios decadentes; los quiero ver con sus perros fuera de las azoteas y los balcones, en un régimen de decibeles mínimamente civilizado. Un país en el que sea ilegal jalarle al excusado después de las 10 de la noche. Donde no se pueda bailar –ni siquiera mover los hombros- en los bares que no tengan licencia de centro nocturno. Los quiero ver en países educados donde la televisión trate de otra cosa que no sean ricos y pobres, también las películas. Los quiero ver en un país donde las señales indiquen realmente a dónde van las calles, y las calles sean cuadrículas y los número vayan en franco y escandaloso orden. Los quiero ver pagando impuestos, respetando a la autoridad, teniendo autoridad. Los quiero ver en un país donde la burocracia funcione, donde los sindicatos obliguen a merecer los puestos de trabajo. Un país donde no sólo el ingenio, sino sobre todo el mérito, premie a los ganadores y descarte a los medianos. Los quiero ver en un país donde los vías rápidas no sólo cuesten sino que aumenten su costo de acuerdo al tráfico.

Los quiero ver en un país en que las niñas cumplan quince años sin que nadie se entere; en un país con menos flores y en el que a los muertos se les dé por tales. Un país donde los pueblos no tengan nombre y apellido, uno católico y otro orgullosamente impronunciable. Un país donde no se permita estar borracho en la calle ni en las plazas ni por supuesto beber en ellas, o para el caso, en países donde la cerveza cueste lo mismo que los whiskys y también cuesten el triple los cigarros. Donde no haya subsidios a los pagos de luz, de gas, de agua; donde el precio de la gasolina lo dicte el mercado. Donde las infracciones a la ley sean de temer; donde no se pueda robar nada. Los quiero ver en un país donde la justicia se respete y vayan a la cárcel los culpables. Los quiero ver en un país donde los maten.

Pero sobre todo los quiero ver en un país sin barbacoa, y me refiero a borrego hecho bajo la tierra sobre piedras calientes durante la noche, que lo demás no es barbacoa; o sin huevos rancheros o sin machaca. En un país sin enchiladas verdes ó rojas y  menudo ó pozole,  para desayunar, cualquier día; un país sin chilaquiles y sin chiles en nogada, es más, un país sin chiles, ni cuaresmeño ni serrano ni poblano ni habanero; sin chiltepín, sin morita, sin guajillo, sin chipotle y poblano. Un país donde el desayuno para crudos (habrá pocos, y se dirá más bien, con resaca)  sean unos huevos poché ahogados en salsa blanca. Imaginarme un país sin caldo de mariscos picante, sin salsas infinitas y sin limones verdes,  es más, sin frutas de temporada todas las temporadas, me da escalofríos y me provoca temblores. Un país así para mí no vale mucho, y por eso no me he ido, ni pienso irme, ni digo que quiero irme, aunque secretamente quiera hacerlo y no me atreva.



Reporta el CIDE, Junio 2013: El 42% de los Mexicanos se iría de México, si pudiera.

Wednesday, June 19, 2013

Corrupto


Últimamente he tenido problemas para conseguir efectivo. Mi tarjeta de un banco no es leída por los otros; en el supermercado ha resultado ilegible. Tengo que ir una sucursal conocida donde un cajero automático conocido sí me da dinero sin más trámite.

Pero el fin de semana se me complicó, por lo que llegó el domingo y me agarró sin un quinto. Teníamos planeado ir -por vez primera, juntos- mi mujer y yo a la Sinfónica de la Unam. Yo recordaba haber ido más de una vez a la Sala Nezahualcóyotl para encontrar "agotado" el evento. Así que hice lo posible por llegar con cierto tiempo -logré 20 minutos, me estacioné en lugar prohibido pues no traía efectivo para el estacionamiento- para comprar los boletos.

Lo primero que encontré fueron letreros que decían "Para pagar con tarjeta favor de presentarse una hora antes del evento". Hice la cola, nervioso. La señorita de la taquilla me dijo dio a entender que "me haría el favor" de intentar cobrarme con tarjeta, pero que no me aseguraba nada, porque el sistema había estado fallando "desde el temblor" (Ahora que lo pienso, el temblor había sido esa madrugada).

Me cayó bien; le pedí que le echara buenas vibras y hasta hizo el gesto con su mano de arrojar polvos mágicos al monitor. Miré nervioso cómo ella clickeaba y miraba en su pantalla; esperé. "Sí salió" me dijo, y me dio a firmar mi papelito. Lo hice, aliviado. Los polvos mágicos habían funcionado.

Al entregarme mis boletos me dijo algo, y hasta creo que me tomó la mano. Me agaché un poco para escucharla mejor a través de la rendija del vidrio de la taquilla. "Para que ahorre", repitió, y entonces noté que junto a los boletos me estaba entregando un billete de doscientos pesos, y que los boletos que me daba tenían un costo impreso de $0.00

En ese momento le dí las gracias. ¿Qué podía yo hacer? No sólo había logrado comprar boletos con tarjeta sino que había solucionado mi problema de efectivo. Camino a la entrada ví que los boletos ni siquiera eran los dos para esa fecha, uno era para ese día y el otro para otra cosa, varios días después.

Eso me puso nervioso. "A ver si entramos", pensé. Pero por supuesto que en el acceso ni siquiera voltearon a mirar los boletos. Mi desazón creció, y me dí cuenta que había sido partícipe -¿involuntario? habría que verlo- en un complejo sistema de corrupción que me agrió el alma. Yo había estado dispuesto a pagar mis casi quinientos pesos por dos boletos para un buen concierto sinfónico. Son más de 50 músicos, que se han preparado toda su vida para tocar ese día. Mínimo que les toquen 10 pesos a cada uno, pienso yo. Pero esos músicos ni siquiera tendrán modo de saber jamás cuánta gente en realidad quiso ir a escucharlos.

Así pues, resulta que el sistema de taquilla está secuestrado por unos burócratas que crean una falsa necesidad, una falsa restricción (presentarse una hora antes para pagar con tarjeta), con la cual amagan a los consumidores haciéndolos sentirse aliviados de conseguir boletos, en los términos que sean. Venden los boletos que quieren de las fechas que quieren. No me sorprende que todos los eventos estén fácilmente "agotados". Ahora entiendo las largas filas de asientos vacías. No sólo eso, ahora entiendo  la falta de crecimiento en todas las áreas de nuestra cultura.

Me apena y duele profundamente que esté pasando algo así con nuestras artes. No sé de cierto dónde más pase algo así, pero en Bellas Artes, y hasta en los toros, los boletos se "agotan" y los asientos están vacíos. En nuestro país, se sabe y se dice que el arte "no es negocio" y quien quiera hacerlo tiene que pensar en "morirse de hambre", o hacer las cosas por amor y nada más. Con razón tenemos arte tan séntido, y tan pobre.

Con todo y que la taquillera me cayó bien, habría que correrlos a todos y empezar de nuevo.

O echarles polvos mágicos y ver en qué cosa se convierten.

Como en los cuentos.











El Tuit y el Arquetipo -Para mi tía Maria Eugenia Chellet-


Esta mañana caí en cuenta de que el éxito de Twitter no es debido solamente a su utilidad práctica.

Leer los breves mensajes de la gente es algo útil y divertido, pero hay algo esencial, con lo que sus creadores dieron en el clavo.

Mientras tomaba un café intentando despertar, veía un video oriental, de esos de coreografía hindú sobre la diosa Kali -que es por cierto interesantísima; diosa oscura, de la destrucción, sí, pero destrucción de la mentira y del autoengaño, de los demonios propios, observadora con ojos fijos de la realidad- y entre danza y danza se topa la protagonista con un pavorreal, al que empieza a seguir como un designio. Más tarde, mientras me bañaba intentando lo mismo, un pájaro se acercó a mi ventana; recordé cuando hace años pensé que en un pájaro algo me quería decir mi padre. Creo que no tengo que agregar mucho más; a Sigfrido lo guía un pájaro en el bosque, una vez que empieza a entenderlo por haber probado de la sangre del dragón recién abatido. Tras un líder abatido por el cáncer, la política venezolana también confió en un pájaro, chiquitico por más señas.

En fin, que me dí cuenta que las súbitas apariciones de pájaros, la inesperada presencia y fijeza de lo que tiene libertad para volar, la súbita potencia de asir lo inasible, despierta un mecanismo propio de confirmación de decisiones. Es un designio por sí mismo de lo que uno ya sospecha, ya desea o ya sabe que va a hacer y sólo espera una mínima confirmación de parte de alguien o de algo.

También está la cuestión del chisme y del rumor, que complementan la historia, pero su aparición en la pantalla, sea cual sea la información que traiga, se convierte en el "me lo dijo un pajarito," dicho que existe en varias lenguas, supongo tantas como habrá mitologías de pájaros designiosos.

En fin, lo que quiero explicar es el origen arquetípico de ese gozo profundo de mirar a un lado -de la pantalla- y ver una aparición que nos dice algo que ya sabíamos, o que ignorábamos, pero que esperábamos sin esperarlo. La sensación de que la vasta e inabarcable web se concreta, se hace tangible para decirnos algo. ¿No es eso cada tuit?




Thursday, April 18, 2013

Where Are We Now


Pasó. Cumplí 40 años; celebré poco, unos amigos, un restaurant, raciones españolizadas, buenos tragos.  Luego casa, bocinas, música. Y no me sentí realmente bien hasta mucho después. Prometí una fiesta que no hice; luego salí unos días en una especie de viaje.  Cuando pasó fue como mes y medio después. Era un domingo, que hicimos unas costillas de cerdo en el asador, con salsa dulce de tomate y melaza, lo que los gringos llaman barbacoa; eso hicimos, mi mujer y yo ese domingo, y ella invitó a un amigo suyo y se metió el sol y yo escuchaba Where are we now de David Bowie, y ví una hamaca en la terraza y plantas y flores; y me sentí bien comido y bien bebido y acompañado y me sentí bien y me sentí también feliz, me tomé una foto, llegué a los 40, un poco tarde, pero llegué relativamente sano y salvo.

Desde entonces cambió mi ánimo, ha mejorado y estoy bien casi cada momento. No me importa mucho el considerar que mi vida no llegó a buen puerto o no tuvo un buen propósito; que no escriba bien y que no sea un artista y que tampoco sea importante en nada. Estoy disfrutando el poder disfrutar los momentos, el poder disfrutar buenas comidas y buenos tragos, es lo que me toca vivir, no más que eso, no menos.

Mi casa es bonita y con mi mujer están bien las cosas, también. Cuando ríe y canta yo rio y canto por dentro, sé que cada tanto habrá tormenta y ni modo, tampoco soy buen capitán y me marea el oleaje, pero paso y pasaré pensando y anhelando los tiempos en que el canto y las risas vuelvan, hasta ahora lo han hecho. Eso también es cierto y es parte fundamental de mi vida ahora, de mis cuarenta años.

No soy mucho más, ni para bien ni para mal; ví a mi madre un día y comimos juntos y más o menos acepté lo que me toca, tener esa madre aislada e incompetente para enfrentar mi realidad, una madre de a poquito, de a veces, pues por ella por ella querría todo y eso es imposible.

Mi computadora, mis ideas, mi escribir así como lo estoy haciendo ahora, sin parar, sin hacer ruido, sin esperar a las teclas ni siendo esperado por ellas; sin error, sin pausa; todo eso es cada vez más raro y sobre todo le veo cada vez menos sentido. No porque no me sirva sino porque me parece cada vez más irrelevante, sin interés, sin peculiaridad alguna. En esto acompaño a mi padre, quizás, yo sé que están por ahí cuadernos enteros escritos con sus pensamientos y pesares, mas yo de grande ya nunca lo ví escribir, supongo que lo dejó, se cansó, se dio cuenta que a nadie le interesaba, ni siquiera a él mismo. Algo similar me pasa, o quizá no es copia de destino sino destino propio o inventado mio, no copiado, aunque tampoco tengo muchas dudas que así es la vida, como le pasó a mi tio, que quiso ser pintor y dejó todo para intenarlo y un día se cansó y contempló y aceptó su calma y su silencio, así lo he hecho yo; he aceptado mi calma y mi silencio, no estoy hecho para aguantar la angustia del que tiene que decir algo.

Y si tenía algo que decir lo he olvidado.

¿Que si siento mi vida vacia? Un poco, sí; mas no por falta de contenido, no es eso, sino porque la vida es vacía. O no por eso: porque no me atreví y no me atrevo, me faltó desmesura, nunca la he tenido o la tuve sólo una vez, a los 17 años, mientras mi padre se moría y yo moría por poder decirle cosas, y hacía cosas con desmesura para poder contarle algo.

Sigo yendo al análisis, no con miras de curarme ni de terminar terapia, es una simple administración del desconsuleo, control de daños,  administración y regulación de la insatisfacción, manejo responsable de las frustraciones. Al grado que las siento menores o las mismas pero con menor peso, no puedo decir que sea un hombre feliz pero infeliz tampoco; muy al contrario. Vivo bien y lo disfruto, mis intereses son muy pocos, casi todos copiados, pero los que son más genuinos están ahí para mí; me los doy y procuro, no los busco, todo me pasa y de quien conozco agarro algo, y estoy rodeado de ellos pues me he rodeado, tengo bocinas en mi sala, en mi estudio, en mi mochila y en mi cuarto, me gusta la música clásica y voy a ir a Nueva York –que creo que odio, quizá ese odio también es copiado, o cuando menos aprendido- este mayo.

Ayer compré una silla, estoy en ella ahora, recuerdo cuando a los 25 sentí que la felicidad era una silla de playa y una lámpara amarilla, no he cambiado tanto, ahora la felicidad está en este proyecto de estudio, en este escritorio y en el par de bocinas muy buenas que puse frente a mi escritorio, ya mi mujer las movió de lugar pero es muy fácil ponerlas donde las quiero cuando quiera escucharlas, me quitará minutos pero puedo hacerlo. Mi vida no es nada ahora, no es una lámpara amarilla ni una silla de playa; tampoco este escritorio y estas bocinas, o beber un buen trago con ellas o escribir algo que parezca tener algún sentido –otro sentimiento copiado-. Mi vida no es eso y por eso digo que no es nada; no es especialmente fuerte mi llamada al trabajo, mi vocación laboral, es casi nula, no encuentro aún algo que me haga levantar con emoción por las mañanas, algo que sea un proyecto proyectable, es decir, que me parezca que en verdad va a realizarse. Sólo creo en los comerciales y en su infinita capacidad de ser muy malos, y veo con asombro cuando mi jefe tiene algo que decir con ellos y gana así los trabajos y con ello nosotros los salarios.

Dicen que tengo dinero; que una parte de las utilidades de la empresa son mías, con eso quiero comprar Bien Raíz, poner a trabajar ese dinero y con ello hacer dinero, creo que es esa mi verdadera vocación , eso he estado pensando estos meses desde que volví de Vallarta a donde fui a filmar y en donde recordé mi adolescente deseo de algún día tener un barco, un yatecito de esos que un día llegaron a la recién abierta Marina; esos yates que llegaron a mecerse ante mis ojos como si hubieran estado ahí siempre, como si ese mar que era mío les perteneciera más a ellos por venir de lejos y tener estilo y costar dinero y tener banderas y nombres en inglés, y por ser inasibles.

Este viaje a Vallarta que acabo de hacer, fue de trabajo, y fue también muy importante, como que me reencontré a mi mismo, no sólo en ese añejo deseo puramente monetario, también en cierto orgullo de encontrar todo tan bello, de que todo lo que fue mio o de lo que fui parte, o mejor dicho, que todo eso que es parte de mí, fuera tan aplaudido y aprobado por todos los que conmigo fueron, que se cerrara el círculo, que dijeran, así que tú eres de aquí, así que es esto lo que eres, mira que está bonito, mira que lo aprobamos, mira que gracias por compartirlo con nosotros, y entonces, y sólo entonces, fui algo.

Tampoco este cumpleaños me regalé lo que me tengo prometido desde los 25 o 30 años, una edición completa de las Mil y una Noches, ese Universo al que de niño mi padre hizo asomarme; ya no sé si es deseo mio, tampoco, y no me animé a pagarlo; no me gusta en realidad ninguna de las ediciones que conozco, quisiera otra, más bonita, más especial y más completa y más árabe.

Quizá cuando tenga yate, quizá cuando tenga 50, quizá dentro de 10 años. Corrijo: quizá dentro de nueve años y unos doscientos y tantos días. No falta tanto.

Monday, January 14, 2013

Final de año (JLB)


Ni el pormenor simbólico
de reemplazar un tres por un dos
ni esa metáfora baldía
que convoca un lapso que muere y otro que surge
ni el cumplimiento de un proceso astronómico
aturden y socavan
la altiplanicie de esta noche
y nos obligan a esperar
las doce irreparables campanadas.
La causa verdadera
es la sospecha general y borrosa
del enigma del Tiempo;
es el asombro ante el milagro
de que a despecho de infinitos azares,
de que a despecho de que somos
las gotas del río de Heráclito,
perdure algo en nosotros:
inmóvil.

Jorge Luis Borges
Fervor de Buenos Aires (1923) 

Tuesday, September 4, 2012

Soñé que despertaba, y los tenía.

Saturday, August 25, 2012

Todo es una trampa


Partamos de la base de que todo es una trampa. O bueno, explico mi punto de partida:

Hay trampas especialmente inadvertidas.

A mí de dio mucha ilusión cuando descubrí que tenía visitas en mi blog -mi otro blog- y más me entusiasmó cuando ví que había estadísticas, gráficas muy profesionales, que ilustran el número de visitas que tiene cada entrada, o post; por país, por mes, por día. Se ve cuáles entradas han ganado el favor de los lectores, sus visitas.

Es muy curioso; casi cualquier post tiene en su historia 11, 14, 24 visitas; 30 cuando mucho.

Sin embargo hay uno que se llama "Jitomates milagrosos, o por qué mi mujer siempre tiene la razón", o algo así, que tiene más de 400 vistas.  No sé si es la palabra "milagrosos", o las dos juntas, "jitomates milagrosos", o la promesa de explicación de algo que es bastante relativo pero que parece aceptarse comúnmente como norma. Pero es algo que viene del título, estoy seguro, no del humilde contenido que habla, como el resto del blog, de mis pequeñas cosechas caseras, que sí, incluyen jitomates.

Intuyo que es lo mismo que me sucedió al rentar un coche, hace no mucho, por internet. Tomé el resultado de hasta arriba, de la lista de google. Sabía que era un link patrocinado, pero garantizaban el precio más bajo por la renta de un auto. Dí click, fue muy sencillo.

Cuando llegué a recoger el coche, a la hora en que me citaron, encontré una fila de casi dos horas. En el mismo edificio había muchos otros arrendadores de coches, que estaban vacíos. Pero este era "el más barato". Estoy seguro que tienen un algoritmo que les permite dar un precio unos cuantos centavos más bajo que los demás. Prometer serlo, "con datos", y nos forzan a todos hacer una cola infame que, al menos yo, no esperaba. ¿Es realmente más barato que los otros, que me habrían dado 2 horas más de viaje en la ciudad?

Y así, todo es una trampa.

Los famosos son cada día más famosos. Los no famosos tienen cada día menos posibilidades de insertarse en el mundo de lo "cool". El que tiene éxito una vez, se convierte en noticia; el que no, en olvido. Independientemente de qué cosa haga o haya hecho cada quién. Y es una espiral que no se para nunca.

Es cosa de encontrar el algoritmo.

Claro está, si es que se quiere buscarlo.


Tuesday, August 21, 2012

Las Reglas en Marte



Ya tenemos un robot muy publicitado en la superficie de Marte.

Pronto habrá más; y después, humanos.

Muy pocos, primero. Después bastantes.

"The Chance to Begin Again...", anunciaban las pantallas gigantes en Los Ángeles de Blade Runner.


Sin ser ficción, sin ser poesía, ¿Cuáles podrían ser  las reglas que harían posible y humanista la convivencia en Marte, esa nueva California?


Cuando era adolescente, quería ser sociólogo, y mi sueño era escribir "El Capital, Segunda Parte". Me tocó así, era 1989. Mis aspiraciones ya no son tan altas o complejas, pero la posibilidad de que el ser humano llegue a Marte me parece una magnífica oportunidad de, cuando menos, escribir reglas nuevas.


¿Cuáles serían?


Wednesday, August 15, 2012

Duele Crecer



Hace muchos, muchos años, mi hermano y yo sacrificamos al Hombre Elástico, con un abrecartas de latón hurtado del escritorio de mi padre. Lo “enterramos” en uno de los burós de su recámara. De mi padre, no del Hombre Elástico. El relleno del tal muñeco que se estiraba para luchar contra un Mounstro Verde (que no teníamos pues yo siempre fui celoso y exigía el mismo juguete que mi hermano, no el contrario, no el complemento, no el antagonista: el mismo, así que teníamos dos)  era una resina pegajosísima que emergió lentamente del cuerpo herido, y una vez depositado en lo que sería su tumba, siguió manando hasta sellar la puerta por dentro y secarse ahí, impidiéndonos por varios años la exhumación de los restos, y a mi padre usar su buró, o al menos la parte de abajo

Creo que algo hubo de sacrificio consciente de cierta etapa infantil, con ese acto. Alguna explicación tuvimos que haber dado a mi papá, acerca de la resina que salía de su buró, y sobre todo del abrecartas o del acto de muerte. No recuerdo bien, todo era un poco raro, empezando por la recámara de mi papá, que tuvo ese huésped junto a su cama un buen par de años.

Ya más grandecito, honestamente no recuerdo bien si fue a los 11 o a los 12 años, compré o pedí, o muy probablemente exigí o convencí con argumentos seguramente sustentados en mis calificaciones (nunca pudieron contra eso)  que me compraran en el tianguis de fayuca al que habíamos ido por calcetines, un muñeco de He-Man. (Ahora lo veo, y hasta ahora,  que He Man es increíblemente parecido al hombre elástico, ambos güeros, mamados y semiencuerados. Podría significar algo, pero creo que sólo es cuestión de arquetipos, y sobre todo de ventas con quienes necesitamos de héroes para creer en algo)

A los pocos meses, quizás días,  -o quizás fueron años para aceptarlo, pero ahora yo sé que fue así, de cualquier  modo es confuso- me resultó ridículo tener un juguete de He Man en mi cuarto. Ya estaba yo grande. Me avergonzó un poco haberlo exigido. Efectivamente yo ya no era un niño, y un muñeco de plástico, aunque articulado, no me dio mayor gusto: mis intereses ya eran otros.

Hace no mucho fui a un concierto de rock –"Festival", les llaman ahora- porque eran muchos grupos por el mismo precio, y había cuando menos uno que me gustaba.  Fui con ilusión, acompañando a unos conocidos mucho más rockeros y juveniles que yo, que se visten con camiseta e incluso viajan para ir a  otros “festivales”.  Varias horas avanzado el tal concierto, aún antes de que empezara el grupo que fui a ver, hice un berrinche y me fui a mi casa. No soporté el ruido, las drogas ni la borrachera; las multitudes, el ruido, me fui a mi casa.

Ayer fui a ver Batman. “El Caballero de la Noche Asciende”, así se titulan  ahora las películas de superhéroes. A media película quería llorar, gritar al menos, romper la pantalla o cuando menos salirme. No lo hice pues también fui con amigos, que llegaron tarde y me esperaban en alguna butaca. El argumento me pareció vulgar, barato, absurdo; la falta de sangre, ofensiva, todo me pareció un disparate y un engaño. Tuve que soplármela hasta el final para ver a mis amigos, a quienes ya casi no veo pues es difícil coincidir con ellos. Saliendo nos fuimos a cenar a un restaurante carne y vino y de postre un whisky. O dos.

Digo que duele crecer porque no avisa, y hay siempre un momento extemporáneo, doloroso, ridículo. Ese momento patético en el que uno se reconoce, se mira dentro, y entiende algo. Ese momento en el que de un lugar muy lejano, muy serio, y muy triste, llega la respuesta a la pregunta “¿Y yo qué chingados estoy haciendo aquí? Si ya estoy grande”.


Palmeras niñas

He estado observando a las palmeras niñas.

Están por todos lados, son sorprendentemente tenaces.

Son una gran lección de tiempo. De aguante, de mesuras.

Están ahí, en el camellón, o en el patio a lado de una reja.

Están en número infinito, al pie de las palmeras madres, esperando su boleto para pasar a la siguiente ronda, para dejar de ser brotes y empezar a ser promesas.

Los brotes son sólo ramitas verticales. Ls promesas de palmera, hojas curvas y completas, solitarias, esperando a las que habrán de unirse para lograr la redondez, y con ello la alegría de ya ser niñas.

Las promesas son más raras, las que logran serlo. Pequeñas hojas de palemera surgidas de la nada, surgiendo de la tierra, inmóviles, esperando siempre.

Las que empiezan a ser exitosas, las palmeras púberes, prepúberes o niñas, están casi siempre junto a otras palmeras grandes, se yerguen ya altivas, más pequeñas, junto a ellas, esperando a un día tomar su lugar.

Podría ser un proyecto fotográfico, pero como la mayoría de mis proyectos, adolece de una contradicción fundamental. Casi no se ven.

Las palmeras niñas, sin embargo, están ahi, esperando tomar no sólo el lugar de la palmera más próxima, sino el lugar en sí mismo, nuestro lugar.

No me cuesta nada imaginar un mundo en el que la raza humana haya perdido. La reconquista de las plantas enormes. A las palmeras sólo les tomaría unos cuantos cientos de años para volver a reinar.

Las palmeras niñas. Es cosa de mirarlas. ahi están.


Thursday, June 30, 2011

Irse Haciendo

Hace no mucho murió un tío mío, el mayor de ellos, con quien compartía el nombre, al igual que él lo hacía con su padre y su abuelo. Es decir, murió Roberto Chellet Junior hijo de Roberto Chellet Junior. Para continuar la historia e improbable gloria de los Robertos Chellet ya sólo quedo yo.

Creo que es claro que soy una persona herida –quién no lo es- por pérdidas que me marcaron de niño –el divorcio de mis padres, la salida de casa de mi madre, la ida a otra ciudad, la pérdida de esa ciudad al regresar con mi padre y la vuelta una vez más a ella, con la sensación de que nada era seguro nunca y nada para siempre, rematado por la muerte de mi padre y de mi abuelo prácticamente el mismo año.

Esta muerte, entonces, podría no haberme hecho gran mella. Hasta pareciera que eso fuera lo que se esperara de mí. Nadie me avisó que mi tío estuviera grave. Nadie lloró en su funeral. Su viuda reía. Su hermano decía que más le había afectado la muerte de su perro. Yo me tuve que ir a trabajar.

Mi tío Roberto. Yo estaba ya muy distanciado de él. Vivía recluido pues padecía hiperacusia, un problema al parecer físico que lo hacía escuchar de más. El pobre vivía en dos casas, rodeado de cosas, en la ruta de los aviones!

Me había distanciado de él por eso, por varios detalles que se fueron acumulando y que me fueron revelando una naturaleza suya que no me agradaba. Confieso en lo más profundo tener terror de parecérmele, de heredar sus deficiencias o excesos. DE él o de sus hermanos. Es lo que menos quiero en la vida.

La última vez que lo vi me encargó que visitara la tumba de sus padres y le reportara en qué estado estaba. Lo hice. Me quiso regalar un baúl con “los pendientes” de su padre y de su abuelo. No lo acepté.

De mi penúltima vacación –a partir de su muerte, ya tuve otra- le traje unos dulcecitos baratos que nunca le di. Me gustaba darle regalos baratos para señalarle los regalos baratos que él daba. Quizás por eso, y por su reclusión final, la gente no lloraba en su funeral. Pero aclaro que en mi niñez fue un tío fantástico, que me sacó a pasear y me enseñó mil cosas y me dio regalos y me quiso y yo lo quise de vuelta y lo admiré y lo vi en un lugar donde era fuerte y generoso y sonriente. Y muy Chellet.

Poco a poco su mirada se fue vaciando; cuando a mis 37 años me negué aceptar el baúl de “nuestros” pendientes, ya casi no quedaba nada en ella, o al menos nada que resonara en mí. Pero lo quise mucho. Fue mi tío de la niñez.

Me doy cuenta ahora que quizás lo que me unió especialmente a él es que tenía un tiempo compartido en Puerto Vallarta, de modo que cuando en las idas y venidas de mi infancia, aquellos años de inconstancia en que viví allá y aquí por igual, en las pocas cosas que fueron regulares (además del cariño de mis padres y mi necesidad de reconocimiento), estaba la visita semestral del tío Roberto, o el verlo en México para ir con él a Valle de Bravo. Su presencia en Vallarta me dio cierta seguridad, le dio constancia a mis afectos inconstantes.

Ahora que murió, en este mismo periodo de tiempo, a un político corriente se le ocurrió, de la noche a la mañana y con el pretexto de los juegos Panamericanos, demoler el malecón de esa ciudad, el puerto que me adoptó y en que veía a mi tío. Su malecón, más que tradicional, necesario, construido a partir de la necesidad de frenar al mar en sus embates anuales al centro del pueblo, donde por cierto está la casa en que viví durante esa infancia inestable. El malecón pues, que estaba ahí desde antes que yo naciera, desde antes que me mudara allí o que fuera a bucear con mi padre o con mi tío, desde antes que mi madre decidiera irse a vivir para allá, desde antes que mi tío comprara su tiempo compartido. A este político cualquiera se le ocurrió demolerlo y cambiarlo por otro, más estilizado y más moderno.

Digo de la noche a la mañana pues literalmente la obra se hizo sin ninguna consulta, sin ninguna información; un domingo en la noche se cerró el paso e inició la obra. Para el jueves gran parte del malecón estaba demolida. La gente organizó la protesta para el viernes. No pudieron hacer nada. En fin.

Pasa el tiempo, y ya no puedo decir que crezco. Ya no comparto, con esas viejas amistades, el ánimo por descubrir y darnos cuenta juntos de qué era los que nos iba convirtiendo en adultos. Poco a poco me distancio de esos viejos amigos, de viejos amores, de viejos sueños que ahora ya sé que nunca se verán cumplidos.

Veo que hacerse adulto de verdad, o acaso viejo, es irse haciendo de pérdidas.

Entra en mí –o siempre estuvo, vino heredado- el amor por lo perdido, el gusto la nostalgia. O resuena.

Guardo para mí el espacio que tuvo en mi aquello que estuvo y ya no está. Aquello que fui y ya no soy. ¿Es eso estar creciendo y estar vivo? ¿Eso me hace más lleno, o más vacío?

No quiero acabar como mi tío, ni como mi padre. No quiero tener nada que ver con la historia e improbable gloria de los Robertos Chellet.

En verdad sólo quiero ser feliz, y no puedo evitar ser nostálgico. Vengo aquí a tratar de ser ambas cosas, a intentar ser quien en realidad soy.

Sunday, May 29, 2011

Quién cyber-soy?

No logro construir mi personaje, my cyber yo.

He intentado ser un semi amargo semi irónico que dice cosas rudas de forma chistosa.

Pero no soy realmente ese, o no me atrevo a serlo mucho, cuando estoy feliz y estoy en pareja.

He intentado se un optimista ecologista egoista. El gato se ha encargado de machacar mis intentos a base de sus cacas en mis macetas. En ello se va el optimismo. Y al egoísta no me gusta exhibirlo demasiado, aunque siempre esté;

En facebook intento ser interesante, lo cual es aburridísimo.

En twitter, decir máximas inolvidables, lo cual es, según voy entendiendo, esencialmente antitwitter. Como en todo, construyo a partir de contradicciones insalvables.

No me gusta formar parte del juego en que en Facebook todos somos felices. Me gustaría hacer un álbum de los momentos de tristeza y agobio o enojo, de pasmo y estupor o de nada. Porque nadie lo hace. Porque me gustaría ser diferente a todos, ser único, distinguible, útil, recordable.

No me he atrevido (en esos momentos, quién toma fotos?) y mi personalidad difuminada en personajes diversos según la página tampoco me ha funcionado.

Voy a tratar de ser yo más seguido, en más formas y en más lugares.

Y que el personaje se construya solo.

Igual no existe.

Preso de los Domingos

Otro domingo.

Recuerdo cuando los domingos, de noche, bloggeaba. Si era un buen domingo, eso hacía. Tendría algo qué decir, y venía y lo decía. Así empezaba mi semana, o terminaba.

Cada vez tengo menos qué decir, y mucho menos, una forma interesante de decirlo. Cada vez llega más rápido el domingo y me encuentra cansado, decidido a hacer lo necesario para recuperar mis fuerzas y mi ánimo. Esto generalmente es no hacer nada.

Me encantan los domingos. Me encanta no hacer nada. Es a veces como una misión, como una "tarea" -mi amada dice que todo lo hago como si fuera una "tarea"- Descansar, ante todo; descansar de todo, no mover ni un dedo, dedicarme únicamente al gozo y la contemplación.

A veces cocino. A veces cuido de mi huerto malherido. A veces, muy a veces escribo algo.

Pero generalmente tomo el domingo para resetear la máquina, como un cualquiera.

Luego vivo mi semana, también como cualquiera, ocupando todo el tiempo en las cosas necesarias, y muchas de las cosas deseadas las relego o pospongo para "el fin de semana".

Pero el fin de semana estoy cansado y hago, como ya he dicho, casi nada.

Y así vuelve a empezar.

No me estoy quejando, no estoy diciendo que sea infeliz. !Al contrario!

Lo disfruto muchísimo.

Disfruto cocinar, pasear (inclusive si es cerca de casa, caminando, sin meta ni "tarea" escrita); no contestar el teléfono, no tener que salir a cierta hora, desayunar con toda calma la enorme variedad de cosas que me gusta desayunar.

Estar con mi mujer y mis animales.

Leer.

Y esperar.

Wednesday, May 4, 2011

Los Stabat Mater y yo.

Me gusta mucho la música antigua. Y especialmente los Stabat Mater, esas piezas que se refieren al "Stabat Mater Dolorosa", cuando María está al pie de la cruz frente a su hijo crucificado, más que probablemente hecha pedazos, inmóvil, doliente, y pasmada.

Colecciono Stabat Maters: de Pergolesi, de Vivaldi, de Steffani.

Son de una belleza triste, y de una tristeza calma. Me parecen absolutamente contemplativos: Ante el hijo muerto en la cruz no hay nada más que hacer, no hay para dónde moverse, no se puede ni gritar ni violentar, casi ni siquiera sufrir. Es demasiado.

Me pregunto si tiene algo que ver con mi personalidad, si mi forma del ver el mundo está permeada de esa tragedia que pasma. Sé que la inercia es mi Señora, que me es en extremo difícil empezarme a mover, y en ocasiones doloroso el dejar de hacerlo.

Me gustan los Stabat Mater pues me dan paz en la tristeza. Aunque no la comprenda, aunque sea más grande que yo.

Friday, March 18, 2011

Los amigos, las citas, y el tiempo libre.

Poco a poco mis amigos fueron teniendo hijos y cada vez me fue más difícil verlos.

Su ocupada vida de padres me impedía aparecerme por ahí, sin anunciar,interrumpiendo sus loables labores de padres.

Ahora veo que quizás no fue por sus hijos.

Llega un momento en la vida en que uno quiere tratar con menos personas durante más tiempo.

Llega un momento en que las apariciones súbitas de otros, por más que sean irremediablemente queridos, causa, además de gusto, escozor incómodo al imaginar la serie favorita siendo aplazada hasta el día siguiente; la cena tranquila siendo amenazada por una noche de tequila, la siesta convertida en sobremesa, la esclavitud del cariño.

Yo me declaro inepto; nunca he sabido balancear el tiempo y la cantidad de afecto y disponibilidad para mis amores, mis amigos, y mi familia. Será por eso que ya no tengo sino lo primero, y a mis amigos los veo ya muy de cuando en vez; cuando se dan las cosas y si no es que están atendiendo a sus hijos.

Sunday, June 20, 2010

Hasta en la muerte

Hay destinos que se cumplen una y otra vez y siempre con precisión o fuerza.

Monsivais, por ejemplo, que vivió (o al menos es inevitable verlo así desde cierta óptica, no dudo que estuvo contento) siempre a la sombra de otros escritores; nunca fue paz, ni fuentes, no ganó Nobel ni fue nombrado caballero.

Y ahora que muere lo hace acompañando a un Nobel, compartiendo plana con él.

Debe de estar contento, aún en su muerte, Monsi sigue siendo un outsider.

Sunday, June 13, 2010

Sobre los hijos. O, a falta de ellos, acerca de los niños.

Llevo ya bastante tiempo pensando en esta entrada, o más bien, en este tema.

Al ver que no mejoran mi claridad ni mis aportes al respecto, lo intento de una vez; al fin y al cabo este blog seguramente se ha quedado sin lectores, si es que alguna vez los tuvo, por falta de empeño y decisión para renovarlo y mantenerlo atractivo.

Lo que principalmente me llama atención sobre los niños, sobre los hijos de las personas, es que permiten a los adultos desdoblarse. Se vuelven una capa más en la complejidad de la vida y de las personalidades. Los niños permiten de alguna forma un universo paralelo.

Quizás me atrae especialmente el verlo así por saber, de mi pasado, desde una perspectiva de adulto, cuándo ocurrió algo así sin que yo me enterara en ese entonces.

Me explico: La ingenuidad, inocencia, o como se llame de los niños, permite a los adultos engañarlos limpiamente.

Así, en medio de los pleitos previos al divorcio, los adultos dicen a sus hijos "mamá y yo no peleamos, sólo estamos platicando". O en medio de una tragedia, mientras suceden velorios y entierros, los llevan al campo a pasear y a jugar con perros y papalotes. O mientras el dinero no alcanza y la vida se derrumba, con ellos es posible jugar palillos chinos o cualquier cosa antes de dormir, y pretender que el mundo es bonito y la gente y la vida, generosas.

Seguramente lo es, cuando uno tiene hijos. El sentimiento amoroso que deben despertar sin duda enriquece. Pero es de todos sabido, es un secreto colectivo (y por lo tanto, nada secreto), que la vida en realidad no es así, y que todo niño lo único que tiene que hacer para descubrirlo es crecer y tener que hacerse cargo de sí mismo. Entonces la vida se experimenta en su dureza y en su ausencia de sentido. Y eso nos pasa a todos. Copamos con ello, y no hay siquiera que señalar que tener hijos es para muchos la única manera de permear de cierto sentido al existir.

Pero lo que yo quiero decir es que quizás uno de los motores importantes para tener hijos es el ansia de revivir y heredar la fantasía, la fantasía de que todo está bien o de que se puede estar contento pese a la realidad misma.

No quiero -aunque lo haga- sonar amargado, no es solamente rencor lo que habla por mi boca. No tiene esto solamente un lado negativo.

A la gente le gusta complejizar su vida, decir mentiras, vivir varias realidades al mismo tiempo. Quizás mientras más capas le pongamos a la vida, más nos parecerá completa. Si hacemos malabares (el trabajo, la casa, el coche, la clase de natación, la abuela, el dinero, la camioneta, el perro y el vestido de princesa), más estaremos distraídos y en consecuencia aparente, felices. Y nadie sabrá quiénes somos.

Nos gusta, o en realidad debemos, ser unos para nuestros amantes, otros para nuestros amigos, otros más para nuestros compañeros de trabajo. Los hijos nos dan la oportunidad de ser aún otros más, y nos permite engañar sin ningún tapujo, inventarnos cosas y respuestas, colocar sin pena un filtro de optimismo, felicidad y nobleza a todos nuestros actos.

Esa oportunidad únicamente la dan los hijos.


Debe ser, al menos, entretenido.

Sunday, March 21, 2010

El Narco y La Bola

En México hace 100 años se armó la revolución. La gente, desesperada por no tener miras para salir adelante de ninguna otra forma, agarraba las armas y se metía a "la bola" con la esperanza de hacerse de sustento, y, si había talento y suerte, hasta de un grado militar, acompañado desde entonces de su buena dosis de impunidad.

¿No es lo mismo ahora, con el Narco?

No estoy seguro -no soy historiador- de qué tantos ideales había en La Bola, y qué tanto era una simple cuestión de subsistencia.

Con lo que quiero decir que no hacen falta ideales estructurados para clasificar al narco como una especie de revoluciòn que ya está en curso.

Aunque no la queramos ver.

Monday, February 8, 2010

La vida es larga


Estoy en desacuerdo, por estos días, con los que dicen con la seguridad de quien nunca será refutado, que la vida es corta.

La vida no es corta. Y no me refiero a la vida en el planeta, me refiero a la vida de un ser humano promedio, me refiero a mi propia vida. Si uno no muere cuando niño, cuando adolescente, la vida no es corta. Es rápida, sí, es pasajera. Pero el que nos parezca corta es sólo una manera de verlo, una óptica del asunto, una visión. La vida no es corta, son un montón de días. Simplemente queremos más, y hay un tiempo siempre, en la de cada quien, en que no parece suficiente.

Dicen los que saben que la felicidad tiene forma de U, que se es más feliz mientras más joven y también mientras más viejo. Probablemente tendrá que ver con eso, con que de niños y también de viejos no califiquemos de ningún modo la extensión de vida. Los niños no se lo cuestionan, los viejos parecen agradecer lo que han tenido.

La vida es larga, son muchos días. Muchas noches. Un montón de cosas, aunque sean pequeñas.

Quizás a los que hacen mucho les parezca siempre necesario hacer aun más. Pero los que vivimos contentos, y concentrados sobre todo en nuestra felicidad, no tanto en nuestros hechos, podemos mirar atrás pensando en lo propio de nuestros días, en lo sabroso de nuestras noches, en la constante y nunca fatigante acumulación de atardeceres.

Quiero más,pero lo que he tenido no me parece poco. He hecho y he vivido.

Y he sido feliz: antes, y sobre todo, por estos días.

feb 2010

Tuesday, November 17, 2009

Mi desconcierto

Hace no mucho me dijeron, en lo que yo creo era un arranque de ira: "Tú sólo vives en tu blog".

En ese momento no supe si tomarlo como ofensa, o, por ardido, como halago.

Ayer ví como una mujer le rompía un florero en la cabeza a su prometido al estar autocompadeciéndose sin parar, por no obtener el trabajo que quería desde niño.

Eso fue en una serie televisiva. Pero en la realidad las mujeres son así: de un modo o de otro siempre están tratando de hacernos entender "algo" a los hombres. Quizá simplemente intentan hacernos mejores a los que estamos con ellas. Pero sólo un cierto número de veces.

El desempleo es terrible y llena de dudas sobre uno mismo. Si el afectado está lleno de dudas desde el principio, se vuelve paralizante. No estoy ni quiero estar paralizado, pero acepto que no sé cómo vivir; ni dónde ni cómo, y me pregunto seriamente si algún día realmente lo sabré, o si no se me está yendo la vida solamente preguntándomelo, sin intentarlo de veras. ¿Cómo se vive de veras?


Mi frustración es tal con el cine que realmente siento que debería dejarlo.

Mi frustración es tal con la escritura que siento que he hecho bien en dejarla.

Mi frustración es tal con la música que siento que siempre he tenido razón que no soy el indicado.

Esa es mi gran sensación, que "no soy el indicado".


Aquí va: lo del jarrón me impresionó profundamente pues sé que yo tiendo a la autocompasión, autoflagelación, etcétera. El jarrón me pareció terrible pero necesario. Yo quisiera no autocompadecerme, quisiera no platicarle a los demás mis problemas, quisiera no tener que buscar la solución en los otros o esperarla de afuera, quisiera tener una gran "fuerza interior" que me guiara y me sacara del hoyo.

Pero no la tengo, o es una fuerza muy pasiva, que se activa sólo cuando hablo con otros, y me quejo; y ellos, los otros, me dan ideas o me convencen de lo que valgo.

Antes veía a mis amigos y les consultaba cada una de mis decisiones; aburrí a mis novias y a mi hermano con mis quejas y dudas, siento que los he aburrido a todos, procuro casi no pedir consejos, procuro no quejarme, será por eso que ya casi no hablo.

Mas no me está funcionando.

Me siento completamente desorientado, desconcertado, un poco como siempre, pero no quiero hablar y arriesgarme a parecer el idiota que necesita un jarrón estrellado en la cabeza.

Pero percibo que de todos modos lo parezco.

Por eso regresé hoy a mi blog. Para quejarme sin quejarme, hablar sin lloriquear, pedir consejo sin pedirlo. Para tomarme mi cerveza de hoy, y sentir que hago algo.

Para escribir, y vivir un poco, donde a veces parece que de verdad lo hago.

Aunque no sea cierto. Aunque cada vez lo haga peor. Aunque sólo ¡CLANK!.

Wednesday, September 23, 2009

Crystal

Unos hacen de lo complejo algo sencillo.


Otros hacen, de lo sencillo, algo complicado.


Adivinen dónde está el talento.

Monday, July 20, 2009

Ya

Ya no escribo,
ya no analizo
ya no me deprimo
ya no teorizo



sólo gozo.

Friday, June 26, 2009

12:00 am, 3 cervezas y un piano.

Hoy toqué el piano hasta tener los dedos calientes, verdaderamente calientes, toqué con este nuevo entendimiento de la música, como si le conociera algún secreto, como si la supiera leer de más profundo. Toqué y no puedo creer que a pesar de mi descrédito estoy cerca, cada vez más cerca, como si el mundo me quisiera demostrar que sí sirve el esfuerzo, y el oído me agradece que cada vez se parece más a Pogorelich y a Chopin, su preludio 4 opus 28 en mi menor; de algo han servido los seis meses de tocar lo mismo.

Qué bien se siente el poder algo, aunque sea poco. Qué bien se siente que ese poco me sorprenda, vaya contra mi descrédito, y sea suficiente.


Así vine aquí a escribir hoy: solo, y con los dedos calientes.

Tuesday, June 23, 2009

Sunday, May 31, 2009

...

En un momento checaré el periódico donde viene impreso el rumbo de mi destino. Si gano una convocatoria de la que informan hoy, en la que participé, mi vida girará alrededor de ese premio. Si no lo gano,

pues no.


Y lo escribo aquí por detener el tiempo un instante. Por congelar para el recuerdo el momento de la duda, de la esperanza, del nervio.

De la incertidumbre, que es tan buena amiga mía.

Thursday, May 28, 2009

¿Es que acaso soy el único? (III y última)

Sé que estás últimas entradas pueden parecer arrogantes; sé también que como bloguero dejo mucho que desear -dejar qué desear, qué buena noticia a fin de cuentas- pero no puedo evitar cerrar el capítulo acerca de aquello que veo y vivo y sé que otros no, o lo figuro.

Lo pensaba el otro día mientras tomaba una siesta en el camellón de Reforma. Un lugar fantástico, en el que los coches parecían callarse, el cielo ensancharse y el pasto esponjarse de tal modo que sólo una siesta le haría justicia cabal. ¿Por qué estaba solo allí? ¿Por qué nadie ve lo hermoso - y para el caso, lo cómodo- de los camellones arbolados? ¿Por qué nadie se toma la molestia - y el placer- de quedarse allí un rato, de tirarse al piso y contemplar?

Pensé entonces en la vida en el mundo, en esta agotadora sensación de competencia que lo permea todo. ¿Es que acaso no cuentan los días libres, los paseos entre las jacarandas, los atardeceres en mil playas distintas, los abrazos cálidos, las rocas, el avistamiento de las aves? Hay que saber moverse en cierto modo, para llegar a vivir esos momentos. Mi problema es que se me olvidan cuando pasaron, y mientras ocurren pienso que tiene mayor mérito el que en ese momento gana dinero o reconocimieto y fama. Y sé que suena cursi, pero ¿Acaso no es el disfrute de un buen lugar, de un buen momento, igual de valioso? ¿No es de esos instantes de los que en realidad se conforma la vida? Yo los procuro a diario. Lástima que con esa misma frecuencia los vaya olvidando.

Proseguí mi camino por Reforma y llegué al bosque de Chapultepec Continué hasta un lugar donde terminé mi tarde viendo garzas -sí, garzas blancas, de anchísimas alas, en el D.F.- volando y alimentando a sus crías en la copa de los sauces. El viento mecía la superficie del lago, ese lago de un verde incomparablemente defeño. Para mi sorpresa y mi descanso, la mirada podía vagar; del lago a los árboles, de los árboles a las aves, y el oído, escuchar algo.

Sólo una pareja de novios jovencitos, y otra de novios niños, escondidos tras las plantas, me hacían lejana compañía. El malecón construido alrededor del lago, como tantas otras cosas bellas de esta ciudad, para otras gentes y otros tiempos, lucía simple y sencillamente desierto.

Mientras caía el sol, caminé a casa.

Friday, May 15, 2009

¿Es que acaso soy el único? Parte II

Si algo ha puesto en evidencia el reciente brote de influenza, es el modo en que la información se distribuye; los distintos niveles en los que la información se mueve, y las curiosas formas en que la utiliza la gente, hasta dónde le permite llegar.

Es evidente la existencia de distintas capas de aplicación de la lógica a la acumulación misma de información.

Así, es claro -y nada sorpresivo- que para las masas poco informadas (sea por incapacidad de manejar datos, o sea porque están muy lejos, como los chinos o los argentinos y no los poseen) la salida más fácil es el pánico, la discriminación y el señalamiento, y el uso irracional de un cubrebocas. "Los otros están enfermos, este pedacito de tela azul me salvará, mantengamos a los otros alejados, o si es posible, acabemos con ellos".

Bueno, no es tanto que los chinos no estén informados. Es que son muchos y están muy juntos y una epidemia de cualquier cosa sería devastadora.

Luego hay otros que se informan un poco más. Defienden el uso de guantes y gel antibacterial. Pero aun así tengo la sensación de que pocos entienden de qué es lo que hay que defenderse. Ven al otro como enemigo sin pensar en por qué habría de serlo. El miedo es ancestral, el instinto de vida se vuelve instinto de muerte.

¿Pero de qué hay que cuidarse? No de todos. No de todo. Sólo de los enfermos y de lo que causa su enfermedad, en las condiciones en las que la causa. Sólo de los que probablemente estén enfermos. Hubo un periodo de 5 días en que podía sospecharse de cualquiera. todos podríamos estar contagiados sin saberlo. Pero no fue así, y punto.

Pero la gente no hace las cuentas, distintos tipos de personas no hacen las cuentas, y siguen asustadas.

Por poner un ejemplo de lo que intento decir sin mucho éxito: nadie en la secretaría de salud utiliza cubrebocas.

Hay pocos que conocen o entienden la diferencia entre una bacteria y un virus. Hay pocos, creo, que ante esta "pandemia" se hayan tomado la molestia de revisar esas diferencias, de entender mínimamente los procesos de los virus, de entender las expectativas mundiales ante las posibilidades reales de pandemia que existen desde los años 90.

Y bueno, está muy bien que ahora se promueva la higiene, salimos ganando todos, especialmente neuróticos como yo.

¿Pero cómo es posible que nadie mencione lo peligrosa que es la proliferación de antibacteriales, pues a la larga sólo promoverá las mutaciones en las bacterias para hacerse más resistentes a los antibióticos?

En fin, que es notorio como la información llega sólo hasta donde el usuario le permite llegar.


Si yo fuera más organizado en mis pensamientos, como el Dr. House, quien por cierto es mi pastor y con él nada me faltará, este post llegaría a ser útil.

Pero no lo es.

Wednesday, May 6, 2009

Un país de Bárbaros o "¿Qué, soy yo el único que oye?

Diario de la emergencia - partes finales.


Así que enfilamos a Vallarta, pensando que bien podríamos dedicar los días de ocio forzado a algo más provechoso, como viene siendo el ocio cuando es placentero.


Pero nunca había sentido un Vallarta tan hostil.

No por la ausencia de bares, no por la hora temprana de cierre en los restaurantes. Que todo esto era inédito y es lo que debiera formar parte de esta crónica, pero a lo que voy, lo supera:

Es increíble la cantidad de ruido. En todos lados, a todos los niveles.

La gente habla a gritos. Los antros compiten sus músicas. Los barcos compiten con los antros. Echan cohetes estridentes, a diario. Y otros los imitan y echan los propios. Los Voladores de Papantla tocan su flautita y tamborilean cada media hora. Los vecinos, ya encarrerados en la competencia, ponen bocinas de karaoke y cantan desde su azotea para que todo Vallarta los oiga. Son ellos, es su terraza, no es fiesta, no es cumpleaños, pero ponen hacia Vallarta sus bocinas y cantan karaoke un par de horas antes de dormir. El reloj de la iglesia anuncia a campanadas el transcurso de cada hora, y además anuncia, ¿porqué no? el paso de cada periodo de quince minutos. Literalmente llegan barcos a fondearse frente al malecón y avientan hacia el pueblo música terrible a un volumen que se oye más fuerte que el karaoke del vecino, con todo y que está más lejos.

Es como vivir en Guantánamo, sometido a la tortura.

No me gustó Vallarta. Y no la pasé muy bien por estar preocupado de que todos fuéramos felices.


Ya no le diré a nadie donde me gusta.

Ojalá que ese lugar sí se quede como está.


Vano esfuerzo.

Sunday, May 3, 2009

Diario de la emergencia

Pues bueno, esto es mucho menos que un diario y la emergencia es ante todo, una situación de película.

Al día siguiente de mi última entrada fuimos al mercado y compramos pollo y lo hicimos a la manera morisca, con cebolla y pasas.

El día después terminamos o adelantamos nuestros pendientes -y nos fuimos a la playa.

Manejamos 9 horas a Puerto Vallarta, llegamos a las 5 de la mañana.


En Vallarta nadie nos ha discriminado por se chilangos: me he encontrado amigos de la infancia y nos saludamos de mano y de abrazo. Será que todos son muy amables aquí.

Por lo demás la situación inusual, peliculesca: No permiten que los barcos atraquen, los restaurantes cierran a las 12, no hay bares, está prohinida la venta de alcohol solo.

Nos hicimos un masaje (insisto, de discriminación, nada), comimos excelente.

Conocimos una playa hermosa, casi virgen, cuyo nombre no diré pues pensamos ahí establecernos en caso de que las cosas empeoren, como dicen que lo harán con el frío, en noviembre y diciembre, en el rebrote.

Tuesday, April 28, 2009

Diario de una Emergencia

Notas sobre la influenza

Pensar, no hay de otra, ante el ocio forzado y el posible desamparo.

Cada día que pasa la situación se pone peor. Eso me da pie a escribir, pues ha despertado la total incertidumbre, completamente fundada en hechos y lógica. Si hasta hoy cada día se ha puesto peor, ¿hasta dónde llegará?

Por eso escribo, mientras llega.

Viejos instintos se ponen a flote. La gente ni se lo cuestiona. Ayer pelearon la comida enlatada de los supermercados. No como gringos paranoicos sino como humanos ante una situación extrema. Yo ya no salgo de mi casa -no sé qué voy a comer hoy, mi mujer trajo todas sus latas y paquetes guardados en su casa: cous cous, tallarines, mostaza- y he tratado de arreglar las cosas de modo de huir mañana o pasado mañana.

Es inevitable sentir miedo.

La incertidumbre se suma, como ya dije, a los aplastantes razonamientos lógicos, y a todo esto, el conocimiento, la información, la disponibilidad casi infinita de datos. Siento que sé más cosas que la demás gente sobre la peste (llamémosla peste, es muy dramático, como este diario), por haber researcheado lo suficiente, acerca de los virus como tales -están vivos o no, quién fue primero, la vida o ellos, las preguntas- y me sorprendió, sobre todo, las páginas escritas hace 4 o 5 años anticipando que esto sucedería en algún lugar del mundo, durante esta década.

"Yo no fui", es lo que quiero gritar, cuando ahora en el mundo la llaman "gripe mexicana". Da coraje ser célebres ahora por esto.

Así que los virus finalmente mutaron dentro de los cerdos. Es gripe aviar, porcina y humana. Y finalmente se transmite de humano a humano. Hoy la OMS elevó la alerta mundial de 3 a 4, de un total de 6 puntos para la Alerta Máxima.

El viernes pasado no hubo clases. El sábado salimos a trabajar, (filmo cosas, y el sábado íbamos en una camioneta hacia un conjunto habitacional, cruzamos la ciudad de norte a sur) y mis amigos y yo mirábamos hacia afuera y reconocíamos nuestro sentimiento de "a mí no me va a pasar". Uno de ellos mencionó su reflexión ante todos los designios de moda ahora, acerca de que el mundo acabará en el 2012, "¿Y qué chingados voy a hacer yo solo en un mundo deshabitado?" se pregunta.

Y cada día ha ido cambiando. Para el domingo ya no nos dimos la mano cuando volvimos a vernos, y el lunes nos juntamos a filmar, todos con tapabocas y alarmados. Entonces fue que tembló.

El temblor nos espantó a todos. Yo grabé con mi cámara el agua de un tambo que se movía; esperábamos a ver en qué terminaba todo. Pausa para que todos llamaran a sus familias. Nada más que dos rayitas más al nivel de angustia.

Terminamos en tiempo, y en la noche crucé la colonia condesa para ir por mi mujer, que había estado de viaje, y pasar juntos la pandemia, hacer búnker. Todo estaba cerrado, todo completamente vacío. Hoy amanecieron las fotos en los períódicos de la gente en los supermercados ayer tarde. Cada día está peor y no sabemos qué pasará.

Se reflexiona sobre el pasado, sobre la gripe española en 1918 y sus 40 millones. Yo escucho los pájaros en mi terraza -día de jardinería, hoy- y pienso en los viejos y su amor por los animales, será que la edad nos va ensanchando la compasión. Me pregunto qué hacer con los animales.

Me pongo a escribir y siento "esto yo ya lo viví". Pero no es cierto, nunca antes había escrito un diario en una emergencia.

Es emocionante y natural. Espero que no nos pase nada.

Friday, April 3, 2009

Al fin

A mí me gusta una mujer que se sabe vestir bonito. Me gusta una mujer que sonríe, y con ella el mundo. Me gusta una mujer que sabe encontrar una buena cantina en un rumbo desconocido. Me gusta una mujer que le pone apodos a las cosas y a la gente, será que conoce en realidad su verdadero nombre. A mí me gusta una mujer que camina con gracia y corre con más gracia todavía. Me gusta una mujer y su pelo "de estambre guardado y vuelto a guardar en una bolsa de plástico". Me gusta una mujer con sus animales y con el inmenso amor que desparrama, siendo como es, su propia esencia. Me gusta una mujer que se sabe y mantiene diferente, que no ha aceptado nunca que le digan qué hacer, aunque eso la haga enojar y a veces le complique todo. Me gusta una mujer que se ríe de todo y de todos; que sabe ver hasta el fondo de todas las personas y de los personajes, que nunca tiene miedo de hablar y de sentir todo lo que siente. Me gusta una mujer tan absolutamente femenina que ve en mí algo esencialmente masculino

Pero, sobre todo, me gusta una mujer que no sé bien a bien por qué me gusta.

Eso me tiene fascinado.

Monday, March 30, 2009

Infancias, fotos, ausencias.

Cuando pido un huevo estrellado en el arroz, todavía hoy le hago hoyitos con el tenedor a la parte inferior de la yema para que ésta se distribuya a mi gusto en la mayor cantidad de arroz posible, dejando la clara libre para la salsa, que irá encima.

Esta elaborada técnica la inventé y desarrollé de niño. De adulto se me ha venido complicando, junto con muchas otras, hasta grados comprobables de neurosis. Mucho de ello lo aprendí de mi papá.

Alguna vez él nos preguntó, a mi hermano y a mí, si sabíamos por qué los ancianos ven hacia abajo al caminar. Nos explicó que tienen la esperanza de encontrar, en su camino, la infancia perdida.

Mi padre nos tomaba muchas fotos. Con su cámara manual, que tenía un fuelle de cuero negro, un lente plateado con palanquitas y un visor minúsculo. Ponía el diafragma a ojo, de acuerdo a si estaba nublado o soleado, y contaba con grandes pasos la distancia entre la cámara y nosotros para poner el foco. Eso nos daba tiempo para inventar todo tipo de poses que en aquel entonces nos parecían divertidísimas y que ahora simplemente no nos podemos explicar.

Luego nos hacía álbumes y nos los regalaba con un escrito grandielocuente y emotivo sobre lo que habíamos hecho juntos ese año. Todo esto, en esa época, era análogo; es decir, se revelaba, se imprimía, y se pegaba con Pritt. Aún guardo esas fotos y de vez en cuando me asomo a verlas y a constatar como poco a poco se van decolorando. ¡Hasta ahora caigo en cuenta de por qué mis recuerdos son casi siempre de día y en exteriores!
La infancia y la fotografía van juntas. Sobre todo si son los adultos los que toman fotos a los niños, y más aún , a sus propios niños, preocupados por retener ese brevísimo instante en que los niños son niños, y son propios.

Y no es solamente así. Uno quisiera un lente que transformara nuestra visión, que la regresara al modo en que veíamos de niños. Y un lente más para ver a los mayores como cuando ellos eran niños. Otro para vernos a nosotros mismos y revelar, en nuestro presente, nuestra infancia. Quizás existen; quizás todos los lentes así funcionan y permiten traer de vuelta, por el instante de un click, al azoro ante lo bello, el gozo por lo inesperado, la emoción de ejercer la profesión de espía internacional o de ser un factor clave en el desarrollo de la civilización por haber capturado ese instante específico en una cámara, que todos los espectadores del mundo van a apreciar. Ese placer del click es tan válido como el de estar inmortalizando el desempeño del mejor atleta o científico de la historia mientras da apenas sus primeros pasos.
Quizá la labor del fotógrafo, -y la de cualquier artista, o la de todos- es la de buscar, procurar y recrear la infancia, que es sobre todo una forma de ver el mundo, antes de tener que buscarla caminando encorvado y viendo al piso.

Yo no sé si de viejo la seguiré buscando, quizá lo haré siempre. O si efectivamente la habré mantenido resguardada gracias a las fotos que me tomó mi padre, o escondida a trozos en rasgos de neurosis. No sé cómo serán mis hijos, si los tengo, y qué relación tendrán ellos y su generación con el infinito número de fotos y videos y bytes y kilobytes y terabytes dedicados a ellos, que traducidos a un solo pase de diapositivas, problablemente durará varios meses y nadie verá de corrido, como yo ahora puedo ver los álbumes dedicados a mí con la minúscula letra de mi padre y titulados y ordenados por año. ¡Son tan pocos!…

Por lo demás, recomiendo mucho lo del huevo estrellado. La yema se aprovecha al máximo, lo garantizo.

Wednesday, March 25, 2009

A mí sólo me entienden las jícamas. (Y yo a ellas por cierto)

Thursday, February 19, 2009

The Wrestler - El Luchador

Causa un extraño placer el contemplar ruinas. Siendo la nostalgia y la melancolía inherentes a todo ser humano, uno tiende a fantasear con el pasado, para sopesar así, de alguna manera, el propio presente. Al ver las ruinas de otros, nos cuestionamos con alarma –o con alivio- el estado de avance de nuestra caída.

No pude evitar, al ver The Wrestler, pensar en que concuerda con una metáfora de nuestro país, de nuestro México jodido que intenta convencerse a sí mismo de estar bien y que sigue peleando luchas sangrientas con enemigos conocidos y poderosos; con la opción de arreglos previos, pero que episodio por episodio tienen la apariencia de ser reales y sin tregua ni cuartel. La barbarie orquestada, el dolor real.

No pude tampoco, como es lógico, evitar pensar en Mickey Rourke y en su propia vida, tan similar a la del personaje que encarna. ¿Qué le habrá compartido aquel otro gran ruinoso, Charles Bukowski, mientras filmaban juntos “Barfly” en el 87, y Rourke era, literalmente, el Galán de la Pantalla? ¿De qué manera lo sedujo al abismo, qué lo llevó a deformarse así?

Mucho se hablará de la actuación de Rourke en esta película – y es, en verdad, conmovedora- pero The Wrestler es más que eso. Mucho es mérito del guión; de los detalles que nos dan pistas acerca del personaje y su circunstancia, y de la sutileza y valentía en la realización. Realización sobria y arriesgada, aparentemente naturalista pero de una gran calidad estética. Con una cinematografía intachable, el director Aronofsky (Requiem por un Sueño, La Fuente) logra en cada escena una estampa americana, mientras explora el límite, basado en los detalles, de hasta dónde puede llegar el patetismo humano.

El personaje Randy The Ram-Rourke parece preguntarse, igual que el espectador, “¿Cuánto más puedo aguantar?” Y no se refiere a golpes en la arena de lucha. Los que duelen son los golpes afuera, como cuando el niño con el que que acostumbra jugar el viejo juego de video de luchas que protagonizó en los ochenta, le habla de los juegos modernos, en consolas diferentes, y se deja ganar y ni siquiera pide revancha. Igualmente lograda está su nostalgia por el hard rock de esas épocas, con los que tanto el personaje de Randy como el actor Rourke acompañaron siempre sus entradas al ring. “Esto era música, hasta que llegó ese marica de Cobain y estropeó todo”.

En este drama de pathos, testosterona y estampa americana, me resultan curiosos los fundamentales aportes de un dos personas : Uno, el guionista, que es escritor de comedia, en el periódico satírico “The Onion”. Y otro, el de una mujer francesa, Maryse Alberti, que está cargo de la cinefotografía.

Como última nota, es reconfortante el círculo que se cierra al pensar que esta película sobre la caída represente una especie de “resurrección” para el ruinoso actor que la protagoniza. Lo merece él, y también el espíritu humano.

No por nada, Bruce Springsteen le regaló su canción.

Monday, February 9, 2009

Frost/Nixon

De vez en cuando aparecen grandes filmes políticos. Recreaciones épicas que narran los hechos de grandes hombres y sociedades. En pantalla vemos cómo los líderes cambian los tiempos, y con ellos el mundo. Vemos en ellos su humanidad y su grandeza y su impacto en nosotros mismos.

Frost/Nixon no es uno de esos filmes. Ni siquiera trata de política, y mucho menos del Watergate. Su grandeza radica en tomar como pretexto un asunto político para desmembrar un conflicto humano esencial que no tiene que ver con grandes acciones. En ella no vemos el impacto de los líderes en nosotros, sino al contrario: vemos en ellos nuestro propio reflejo.

Peter Morgan, escritor y guionista, tiene una enorme capacidad para encontrar en hechos y personajes políticos puntos de partida para generar reflexiones profundas y sutiles sobre la condición humana. Lo hizo en La Reina o en El Último Rey de Escocia, ambas del 2006.

También en 2006 Peter Morgan estrenó su primera obra de Teatro, Frost/Nixon, en el teatro Donmar Warehouse de Londres. Actuaron Michael Sheen como David Frost y Frank Langella como Richard Nixon, recreando cómo se gestaron las famosas entrevistas en las que Nixon habría de aceptar, finalmente, alguna culpabilidad en el famoso escándalo y en su mal uso del poder.

El director multiusos Ron Howard -que tiene en su haber, entre otras, Splash (84), Apollo 13 (95), A Beautiful Mind (01), y el Código Da Vinci (06)- dirige con impecable técnica en un asunto de época, a los mismos actores protagónicos de la obra de teatro original, dirigida por Michael Grandage. Una recreación de los años setentas elegante y precisa, que permite concentrarnos en la épica batalla que sucede en una sencilla casa que se usó como sede de las entrevistas.

A lo largo de la película somos testigos del empuje de Frost –un mediano presentador inglés de programas hablados- por llegar a algo con esas entrevistas. En ellas pone en juego su carrera, si vida financiera y social. Con el mismo peso y el mismo empuje, vemos a Nixon aferrado a sus últimos signos de solidez, tratando con todas sus fuerzas de no derrumbarse del algo que ha construido a lo largo de su vida. Es un viejo lobo de mar, lanzando los últimos mordiscos que puede para defenderse de su atacante. Un Nixon preocupado por su traspiración en el labio superior, o increpando, justo antes de empezar la primera de las entrevistas, “¿No encuentra usted sus zapatos demasiado afeminados?”, para desconcertar y desconcentrar al adversario, en un fantástico duelo de sutilezas de actuación, de gestos, de brevísimas muecas e inflexiones que van dando cuenta de los golpes dados y recibidos a lo largo de 12 sesiones de entrevistas por las que Frost pagó –y Nixon cobró- más de medio millón de dólares, razón por la cual las televisoras no mostraron interés inicialmente, suponiendo que el “entretenedor” inglés no lograría nada ante el astuto expresidente.

No es de extrañar que uno de los momentos claves de la película es cuando David Frost tira al piso su cuaderno con la guía de sus preguntas, cuando se juega finalmente el todo por el todo en esa agotadora guerra verbal, cerebral, emocional y política –política en términos de la relación de poder entre dos hombres: uno con el poder de las respuestas, el otro, con el de las preguntas.

El resultado está en la Historia: en YouTube pueden verse las entrevistas reales. La magia del drama, de la ficción, es la recreación que se hace del camino. El texto de Nixon cuando llama por teléfono a Frost en su habitación de hotel, no tiene desperdicio. Como casi nada en esta película. Una de las competidoras al Oscar por la mejor película. Si el mundo fuese más sutil, -y más realista- sin duda, ganaría.

En México se exhibe como "Entrevista con el Escándalo".

Monday, February 2, 2009

Ese otro mundo, la ficción.

Tengo que decir que, aunque aún no me haya salido, me sigue fascinando. Es de lo que más me gusta. Ese otro mundo que sirve para comentar a éste y en el que todo existe en función del comentario.


No es brillante mi post, ni lo seré yo tanto, pero me encanta, simplemente me encanta y me fascina que se escriba una historia -una serie, una película- y se usen los grandes momentos de la historia para enmarcarla, para enmarcar a nuestros personajes y nuestro comentario.

Me encanta la ficción, y la suspensión de la incredulidad es uno de mis vicios principales.

Thursday, January 22, 2009

Era importante para mí

Y lo menos que puedo hacer es platicártelo.

Tenía yo el último boleto de la sala y de los dos conciertos. Verdaderamente el último.

Anoto: Ahora, horas después, bebo vino.

Damien RIce salió solo y tomó su guitarra y no utilizó nada más que su magia e imaginación. Había, en total, unas cuantas velas prendidas a su alrededor, que eran insignificantes ante los reflectores; una botella de vino tinto en el suelo y una copa, unos cigarros, y nada más.

Empezó cantando no sé cuál, la primera del disco, creo, y entre el ruido del aire acondicionado y la ausencia de Linda, la cellista, empecé a pensar que era un fraude. Me distraje viendo la gente y la odié muchísimo, como siempre. No puedo entender qué es lo que creo que me separa de ellos, por qué me creo más Damien RIce que todos los demás. No entiendo a los tipos mamados y con vaselina en el pelo, o para el caso, con camiseta o gorras. Los odié profundamente, lo acostumbro. Y no hubo una sola mujer que me pareciera guapa, mas que una gringa de largas piernas que en todo caso daba miedo.

Terminó la primera canción y el artista pidió que apagaran el aire acondicionado. Bromeó con que no seguiría tocando hasta que no sucediera. Empezó otra canción, apagaron el aire: me empecé a instalar.

Me sorprendió, me iba sorprendiendo, que él solo con su guitarra hiciera casi todo lo que se oye en el disco.

Cuando preguntó, "qué quieren oír, algo alegre o algo realmente depresivo", y casi todos gritamos "¡depresivo!" me empecé a sentir feliz y empecé a dejar de odiar a los demás: a fin de cuentas nos parecemos o somos los mismos.

Y entonces sucedió. Sacó el conejo del sombrero, nos ganó. Para no abrumar con insignificancias, narro lo esencial. Él seguía cantando y tocando, y lograba que en cada canción no faltara nada. Él hacía los coros, la voz femenina, hacía que olvidáramos la ausencia del cello, del coro, de la soprano invitada. Él todo, y con los ojos cerrados.

En un momento se desconectó de la amplificación y tocó y cantó para que lo escucháramos directamente, como si de un foro romano se tratara. Eso es la acústica, eso somos los humanos.

En otra canción pidió que apagaran las luces. Desapareció entonces, instantáneamente, y poco a poco las velas tomaron su lugar y su milenaria importancia: empezamos a verlo. (No puedo recordar ya ahora qué canción era, pero en su momento, fue importante). De pronto cambió a Aleluya, de Cohen, à la Buckley. Ahí casi lloro, o lloré, si bien es cierto que nadie me veía.

Mientras él cantaba, yo recordaba viejos amores y viejos adioses -Damien Rice es un profesor en las despedidas, sobre todo en las despedidas neuróticas- y me preparaba para el futuro. (Habló de su capacidad de amar y odiar al mismo tiempo, cada vez más, ambas cosas, y cantó sin darse cuenta, el himno del neurótico, "tú siempre y yo nunca").

Fue para mí la despedida de las despedidas, Fue importante.

Al final, ya en el encore, cuando se había ido amablemente, regresó para tocar The Blower's Daughter. Todos coreamos. Cómo no hacerlo.

Inmediatamente después prendió un ipod que estaba allí escondido, tomó la botella de vino -para algo estaba allí- y se sirvió, último prop que quedaba, y contó la historia de cómo un día en un bar se enamoró de una chica, dejó pasar el último metro de vuelta a casa para estar con ella y para que al final ella le dijera que se iba a encontrase con su novio. "Y entonces él, en una servilleta, escribió esta canción", nos dijo. Hablaba de sí mismo en tercera persona, acompañado únicamente de su copa de vino y su tabaco. "En aquél entonces él era pobre, ahora ya no", decía.

Cheers, Darling. Damien Rice bebió el vino en su copa e interpretó el modo en que borracho prendía los cigarros que aquella le dejó como recompensa por su compañía, mientras esperaba a su verdadero novio. Tambaleándose, salió del escenario. Obscuro final.

Tambaleándose él, y bebiendo vino: haciendo magia, yo fui Damien Rice y él lo fue por mí. Un vislumbre pequeño de lo que significa ser humano.

Y mientras tanto el reloj, que, como dijo él, va fuck, fuck, fuck, fuck, fuck...

Algún día no querré ser Damien Rice. Quiero ser yo antes de morir.

Me encantan los inmensamente cursis y neuróticos, me encantan los que nos demuestran lo que es sufrir.

Gracias Damien Rice.

Al final caminé por reforma hasta que me ganó el frío y paré un taxi, Me cobró la mitad que lo que me cobraba el taxi de sitio. No sé, siquiera, lo que cobraban los del Auditorio.

Soy un marro.

Y en mi casa, había vino.