Saturday, February 2, 2019

El Futuro es Freelance


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Quiero creer que la forma en la que he trabajado hasta hoy me ha preparado para el futuro. No me refiero a tener ahorros, o no todavía, sino a que sé perfectamente lo que se siente que te paguen por lo que haces y exclusivamente por eso. Se habla mucho hoy día de la desaparición del Estado de Bienestar; y sin estar del todo seguro de lo que es eso, entiendo que hablan de esa forma de vivir en la que uno le dedicaba un cierto número de años a una empresa o institución, escalando puestos, haciendo “carrera” de acuerdo a la dedicación y capacidades —y mucha paciencia— y entonces, ya viejo o como se dice ahora, ya en plenitud, uno se retiraba cobrando el mismo sueldo y se dedicaba a esperar la muerte con esa cantidad mensual llegando puntualmente al banco hasta que la empresa o institución se enteraba que habías muerto.
Yo me dedico al cine, y en mayor medida, a la publicidad filmada. Así que desde chico he sabido lo que es trabajar “por proyecto”. Se nos llama freelance o freelancers, a lo gringo, dado que “trabajador eventual” suena como huevón o inepto. Freelance tiene más catego, aunque efectivamente, también es sinónimo de “desempleado”. Hay que llevarlo con aplomo y orgullo. Y estás en una empresa, o eres freelance? Freelance, así que si sabes de algo…
La cosa es que sólo en dos ocasiones en mi vida he cobrado un sueldo fijo. Una en una compañía de animación, y otra en una compañía productora de comerciales. Pero en el medio —así nos gusta llamarnos los freelancers de la producción audiovisual, el medio— el origen del dinero siempre es por proyecto. En la primera compañía, la de animación, yo tenía un pequeño sueldo base, era estudiante, y a cambio de ese sueldo yo debía de ir a trabajar en las tardes o cuando pudiera, y al mismo tiempo, tenía que ir a la hora que fuera necesario a resolver cualquier problema. Era la época en que hacer la animación de unas letras formando un logo requería una computadora del tamaño de un refrigerador y noches de desvelo mientras sus cálculos iban revelando la animación tridimensional, cuadro por cuadro, durante horas. Con esos desvelos y ese dinero pagué los gastos de mis rodajes en la escuela.
Después, como freelance en películas, series y comerciales, pues ganas cada vez por el proyecto que haces. Punto. Nadie te va a pagar retiro ni vacaciones ni seguro médico, ni nada que no sea relativo al proyecto. En la otra compañía, ya como un asistente de dirección profesional, me ofrecieron para que solo trabajara para ellos, un muy buen sueldo base, que se complementaba con el número de proyectos realizados cada mes. La realidad es que ese muy buen sueldo base (nuca he vuelto a ganarlo) hacía de mí, un esclavo. Estaba disponible siempre para lo que fuera; noches, fines de semana, vacaciones, puentes. Y aún así, nunca, pero nunca, imaginé que me fueran a pagar después por ser viejito, o si me echaban. Nunca pensé tampoco que duraría décadas en esa compañía: la publicidad se basa en las modas, y las casas productoras aparecen y desaparecen cada tantos años. Efectivamente ya no existe o al menos no con ese nombre ni con esos socios, en el fondo todos en el medio seguimos trabajando, simple y sencillamente, por proyecto.
Pues resulta que ahora todo el mundo quiere imitarnos. Malamente, las grandes empresas internacionales, primero; y los gobiernos, después, se fueron dando cuenta que pueden contratar a la gente para que hagan una cierta cosa, nada más, en vez de tenerlos sentados en la oficina toda la vida listos a hacer todo y nada, a cambio de asegurarles una vejez en plenitud. Primero fueron unos cuantos empleados externos que venían a hacer trabajos especializados que nadie adentro sabía hacer (outsourcing, se llamó; mucha catego y hasta misterio en la palabra) y luego ¡Pum! En vez de tener a alguien asalariado todo el año mejor lo llamamos los tres meses en que verdaderamente hay trabajo. Entonces los outsourcings se parecen más a los esquiroles en una huelga, los que llegan a aceptar condiciones de trabajo menos favorables, para desventaja de todos los demás, excepto el patrón.
Además, llegó el internet. Con él, las historias de los jovencitos, jovencitas, mamás o niños que se volvieron “influencers”, que ganan miles y miles por su popularidad en internet haciendo cualquier cosa. La fantasía de que cualquiera puede volverse famoso mundialmente y vivir de un público masivo democratizó la desventura: Si quieres una vida en plenitud, tienes que ganártela. El mundo entero es tu cliente.
Mi mujer es diseñadora gráfica, y por tanto, su historia es similar. Tuvo varios empleos fijos que más bien pueden catalogarse como proyectos grandes. Después, cada chamba que hace le paga por esa chamba y nada más. Ahora también hace cerámica, una cerámica muy bella y yo tengo la esperanza de que su página de internet la haga famosa y podamos venderla  a todo el mundo y tener una vida en plenitud, si no segura, al menos llevable mientras ella tenga manos y yo pueda empacar y fletar sus cosas. ¿Es una fantasía? La otra es que yo pueda escribir y cobrar por lo que escribo, idea que me parece bastante más improbable. Porque no creo que nadie se interese como para pagar por lo que escribo, mucho menos una infinita cantidad de freelancers.

Thursday, June 14, 2018

De las crisis entre épocas, como la nuestra.


Todas las generaciones y sociedades humanas se han organizado para tener a otros humanos a su servicio. Cada una ha inventado o sostenido, hasta donde ha podido, una serie de mitologías, —incluyendo las leyes y la "legalidad"— que justifiquen, permitan y hasta propicien ese estado "servicial" para los otros, los de abajo.

Los cambios de eras o épocas, que se distinguen sólo después de haber sucedido, son el resultado, me parece, no tanto de la lucha de las clases serviciales para dejar de serlo, sino del derrumbe, por su propio peso, de las mitologías que permiten que esas clases existan de una forma determinada.

Cada época, entonces, se caracteriza, por cómo algunos -y solo algunos- de los privilegios específicos de los ciudadanos dominantes desaparecen o se vuelven accesibles, aunque sea modificados, a los ciudadanos de a pie, que por eso mismo se transforman, al asimilar dicho acceso, antes negado de forma "natural".

Desde la primera esclavitud hasta el acceso al voto. De comer uvas a poder disfrutar de una obra de arte refinadísima. El acceso a todo es cada vez para más personas "comunes". Deja de existir, cada tanto, una clase superpoderosa y dominante. Desaparece o se adapta cediendo parte de sus privilegios a los otros.

Eso ha movido las revoluciones, las guerras, y ahora el consumo.

Toda la historia humana es, entonces, la historia de la caída y trasfiguración de los poderes de la mínoría rapaz.


Tuesday, May 8, 2018

Sobre el nuevo orden del mundo


Uno de nuestros candidatos a la presidencia habla de una "minoría rapaz" que controla la cúpula de la producción y de poder en el país, la cúpula del dinero. Y todos los empresarios, en gran número y ruidosamente, sobre todo los que no forman parte de esa cúpula, han salido a defenderse, escandalizados de que se les llame así.
        A mí me da la impresión que todas las revoluciones han sido orquestadas por mayorías organizadas de formas novedosas, ante la minoría rapaz que hace insostenible el sistema contra el que la mayoría se rebela.
        Dichas revoluciones han traído, en algunos casos, el colapso, no sólo del sistema y de dicha minoría, sino de todos los miembros de la sociedad, que acaba por extinguirse. En muchos otros han traído prosperidad; en todos los casos, lo que traen es cambio, basado en esas formas novedosas de organizarse. Estamos hablando, claro, de las revoluciones exitosas: las no exitosas se llaman rebeliones y son sofocadas tarde o temprano con violencia.
        Pues bien, me parece que el gran colapso político en el mundo responde a las nuevas formas de organizarnos que estamos apenas aprendiendo a usar. De alguna manera se hará caer a las minorías rapaces de las democracias capitalistas, y la sociedad inventará una nueva forma de gobernarse. Así de simple, estamos ante una revolución que nos traerá un gran cambio en la forma de gobernar. La tecnología permite una nueva manera de convivir que aún no hemos diseñado pero que intuimos. Pensándolo un poco, el que todo mundo tenga un perfil y un aparato de comunicación con el gobierno hace innecesaria la existencia de los diputados: al menos como habían sido necesarios hasta ahora. Y los impuestos innimaginables que generarán los negocios innimaginables deberán servir para cosas, igualmente, no imaginadas aún. Una nueva realidad emergerá del caos y acabará por imponerse, y esa será la nueva era, la nueva época con la que el siglo XXI será recordado.

Por lo pronto, el detonante de siempre: reaccionar con rencor hacia las minorías rapaces.







Wednesday, August 16, 2017

Huele a Peligro



Mi padre murió cuando yo tenía 17 años, así que atesoro lo que recuerdo de él.  Muchos de sus hábitos -sobre todo alimenticios, muy buenos-, uno que otro consejo, y más nebulosamente, ciertas explicaciones sobre el mundo y su funcionamiento.

Algo que sin duda me enseñó fue la existencia de los otros.

Él se consideraba distinto de "la gente del fútbol y la de todo". Lo era, y nosotros con él. Nos quedábamos en el cine hasta que acabaran los créditos, por ejemplo. No usamos nunca cadenitas ni esclavas de oro ni joyería de ningún tipo, no idolatramos nunca los coches ni el dinero. Leíamos. Poníamos discos. Íbamos a museos. Nos trataba de explicar nuestra realidad con la cultura. Así éramos.

Los otros, los de los coches, los deportes, las medallas, la competencia, la violencia; los otros eran eso, otros, y eran parte del mundo y habría que lidiar con ello. Yo era amigo de Armando, un gordito muy simpático que tenía casa en Cuernavaca, rifle de diábolos, y esclava de oro en la muñeca. Lo que nos prohibió mi padre fue matar pajaritos, nunca nos compró un rifle ni videojuegos, es decir ni Pong ni Atari; jugábamos a la Oca y Serpientes y Escaleras, y ya más grandes, albures con la baraja y cubilete.

En fin, no quiero hacer ahora un recuento de mi infancia. Lo que quiero es señalar mi desasosiego al ver a Trump reaccionar a los sucesos racistas en Charlottesville, Virginia, como si estuviera bien y fuera normal y "las dos partes" tuvieran la culpa, no los racistas.

Nunca había sentido con tanta fuerza que son los otros los que están a cargo, los que tienen el poder, y que pueden cargarnos a todos, en su infinita ignorancia y barbárica estupidez.







Thursday, July 20, 2017

La doble vida del freelancer



Los freelance tenemos algo de esquizofrénicos. Vivimos una doble vida: la de cuando tenemos trabajo y la de cuando no.

Cuando tenemos trabajo no tenemos tiempo para casi nada más: La familia se ve renegada, no se puede contar con nosotros para cumpleaños ni bautizos; no se nos encuentra nunca y la fecha de entrega ideal para el proyecto en el que estamos es casi siempre "antier".

En eso somos respetables. Nos entregamos al objetivo  de nuestro empleador y lo volvemos nuestro: Hacer un buen logo, una campaña memorable, un anuncio entrañable que no se pierda en la nada. En ocasiones lo conseguimos.

Y luego viene la calma. Se termina el trabajo, viene el ocio y con él se asoma la depresión y la angustia. Las preguntas como "¿seré realmente bueno en lo que hago?" o "¿Es que en realidad sé hacer algo?" empiezan primero a asomar y luego a dominar el flujo entero de los pensamientos.

Disfrutamos el privilegio, eso sí, de ser dueños de nuestro tiempo. Podemos hacer ejercicio a deshoras, cuando los gimnasios, albercas y parques están vacíos o sólo hay personas retiradas como nosotros. Yo voy a un deportivo de de viejitos; mi contacto constante con la muerte en calidad de latente me ha hecho más y más reflexivo; más y más, digamos, viejito. Disfruto de ver los pájaros y las flores, los frutos de mi hortaliza, mis animales, el sol. Me congratulo cada día que mis articulaciones funcionan y sé que no durará mucho. Me preparo, en fin, para la muerte. Ese es otro tren de pensamiento que tenemos, cuando tenemos tiempo, los freelancers.

Para contrarrestarlos y tener un equilibrio, un balance en nuestra vida,  los freelancers nos hacemos de un as bajo la manga, una defensa incontestable ante los embates del ocio obligado: Se trata de El Proyecto.

El Proyecto es eso, un proyecto de gran obra, una noble manifestación de nuestras almas que algún día tendrá la forma suficiente para emerger en el mundo y presentarse a los demás tal cual es.

Mientras tanto, debemos cultivarlo. Debemos escribir, bocetear, tallerear, conceptualizar, previsualizar, afinar el proyecto. Debemos investigar, tomar notas, comparar, presentar, prevender, reclutar, delegar -si hay suerte-, evaluar, y entonces reafinar; volver a investigar, reconstruir, deconstruir, revisitar, reexplorar, repensar, reevaluar, bajar -esto es muy importante, bajar-, poner en blanco y negro -otra vez-, alucinar y volver a afinar, afinar sin fin las notas más delicadas, más sutiles, del proyecto. Entonces nos llaman. Hay trabajo y es pa' antier.


 


Friday, November 11, 2016

Tendría su gracia


Tendría su gracia, un México para los mexicanos. Poner a México primero. Un México que recupere su grandeza.

Tendría su gracia ya no querer ser gringos. Encontrar nuestro reposo bajo los ahuehuetes. Volver a tener ahuehuetes.

Mirar lo gringo con recelo, como antes. La música y la ropa, hacerlas aquí.

Pero eso sí, recibirlos como buenos anfitriones que somos. Esperando –y logrando, suponemos- la aprobación del visitante. Del gringo contento. Satisfecho con ver en nosotros un poco de cocos locos, tequila y piñatas, no más. Ah bueno, y sombreros, siempre sombreros.

Y dedicarnos a cosas serias, nuestras. A construir nuestro país, a encontrar un modo de sacar a tantísima gente que no tiene una sola oportunidad de salir de la pobreza.

Y no porque la separación nacionalista valga más que la integración continental. Sino porque nuestra fascinación con los espejos ajenos ha sido siempre nuestra perdición. Y ya llevábamos un rato perdido, un buen rato, teniendo como única luz la que creíamos brillaba desde allá. Del otro lado. Del lado de los malls y de las trocas. De los iphones, dios mío, los iphones, que estoy seguro que han causado tantas muertes –¿para qué si no, se mete un muchacho a narco?-.

Que el dinero mexicano sirviera para los mexicanos. Y también el gringo, los infladísimos dólares que entren. Que no lo robaran los políticos –no pueden decir ahora que no se lo roban, no después de Duarte, nunca más negarlo-. Y utilizarlo.

Que se pagaran bien por el trabajo, eso sería todo. Que se pagara el tiempo de trabajo. Y que la gente trabajara realmente trabajando. Haciendo bien las cosas, aprendiendo, investigando y mejorando.

Y asi salir, por nuestro propio pie, de los complejos que arrastramos.

Dejar de querer ser cool, vivir gozando nuestra sangre caliente.

Volver a aprender a hablar, cuando menos, español. Y otras, de las tantas lenguas que hablamos. Aprender de nuevo a pensar y a expresarnos, a escribir y ver lo nuestro. También lo de otros, pero esta vez no dejar de ver lo nuestro.

No es pedir tanto.




Saturday, June 18, 2016

Un día en la vida, 2016.


"Siri, busca en google, vida activa y vida contemplativa, diferencias y recomendaciones".

Así empezó mi día hoy. Y aprendí que según Santo Tomás, quien en nuestra tradición cristiana habló en algún momento de estas cosas, la vida más perfecta es “mixta”, entre la contemplativa y la activa. Como Jesus. Lo que leí, dice que de un obispo se dice, “que sea el primero en actuar y el que observe desde más arriba”, haciendo alusión a esa necesidad de combinar ambos aspectos. Antes de Santo Tomás, también leí hoy, Aristóteles definió ambas vidas, activa y contemplativa, como las de “Negocios, Guerra y Humana", y la otra la de “Ocio, Paz y Divina”.

Luego a lo largo del día escuché el Carmina Burana de Carl Orff. Un poco más tarde, ya encarrerado el peine, el Catulli Carmina o cantos de Catulo. Lo escuché en un LP – finalmente me compré una tornamesa- y estuve buscando infructosamente la traducción del libreto en google, se ve que son cosas que a nadie interesa, o que los editores de partituras cobran por descargarlos o eso dicen. Entonces me dí cuenta que la tenía frente a mí en la contraportada del disco. Tiempos modernos.

Me emocionó ir leyendo el Latin, con su elegancia en la que parece que todo lo dicho es una verdad eterna –y por lo tanto tuiteable: estuve a punto mas me contuve- y sobretodo con las viejas, viejísimas contradicciones humanas. Del que ama: ama y odia. Del que ama yno es correspondido: desprecia y no deja de amar.

Luego, para terminar el día, mientras había en la tele el partido de México del que todo mundo hablaba –que acabaríamos perdiendo 7-0, vergüenza como nunca- me enteré que había un homenaje al Arvo Pärt en el 22, un concierto fantástico con el coro de Estonia y un director melenudo, Arvo Pärt vivo y presente,y entonaron, entre otras, "Virgencita", en español, dedicada a la virgen de Guadalupe. Después el Te Deum. "A tí, Dios", que me sobrecogió por completo, como sólo las cosas escénicas y musicales pueden hacerlo.

Tuitée al final del día: “No me importa si pasa México, no me importa si existe Dios. Gracias, Arvo Pärt, por conectarme con mis más profundos miedos y gratitudes”.

Tal cual, eso fue mi día. En el inter, me peleé con mi mujer, me pregunté si todavía la quiero, mientras pagaba una parte de una gran instalación eléctrica para su horno de cerámica. Hablaba con mi madre preguntándome cuándo morirá y en qué condiciones; ví y achaqué a la pérdida de mi peine de dientes anchos, el que se me viera como nunca el cuero cabelludo en la cabeza, y estrené un tornamesa, proyecto que llevaba unos 30 años en mi lista de pendientes y sobre todo de deseos.

Qué inasible milagro, el que la biología nos haya dotado de un espíritu.


Quise terminar mi tuit con “Que Alguien tenga Piedad de mí”. Pero no cupo.


Monday, April 18, 2016

En el Parque


Tal vez la vida, cuando grande,
-y quiero decir muy grande-
Es decir, cuando uno es viejo,
Se hace soportable
-medianamente soportable-,
Pues a partir de cierta edad
Las cosas –todas, las cosas-
confluyen en instantes.


Empieza a suceder, que en una risa,
En una bocanada
de aire fresco
o aire pútrido;
En un aspirar los olores de la lluvia,
Uno encuentra de pronto
Todas las risas,
Todas las bocanadas,
Y todas las lluvias.

Es como un recuerdo, pero es más que un recuerdo

Es una fanfarria, una explosión, un deslumbramiento


Una celebración

por cada viejo amor

y cada risotada.